jueves, 28 de mayo de 2015

La Prima-Hermana


Dejé de fumar hace seis años por recomendación expresa de mi hija de 9, Sofía Páez, y ella muy jactanciosa a veces me lo recuerda diciéndome, "papá te salvé la vida".

Cuándo lo hacía, en mis inicios, fumaba "Piel Roja" sin filtro. Es un cigarro fuerte y el cuál deja pequeñas virutas en tus labios después de cada aspirada. De hecho era tan fuerte, que no podía fumar más de cuatro en una parranda. Quienes han fumado saben, que es en tragos cuando este perjudicial vicio más acecha.

En esa época se podía fumar dentro de los establecimientos y cuando íbamos a discoteca, nuestras lindas acompañantes salían con sus cabellos impregnados en el poco agradable olor a cigarrillo.

Recuerdo que mis amigos siempre se burlaban cuando encendía uno de los míos, "ya viene el viejo a prender su picha de perro", así llamaban popularmente, al nativo y silvestre "Piel Roja".

Después mi gusto algo más refinado, se interesó en los habanos "Cohíba". Prefería los "Cohíba Club", por ser del tamaño más parecido al de un cigarrillo normal, lo que me permitía fumarlo de una sola vez y no tener que andar guardando los apestosos tabacos a medio fumar.

Los compraba en la "Cava del Puro", sitio especializado en todo lo referente a los habanos y ubicado a uno de los costados de la iglesia San Pedro Claver. Su propietario, Doménico, es un italiano calvo y corto de una pierna, quien además es un excelente anfitrión. Cada ida a su establecimiento, se convertía en una tertulia improvisada entre desconocidos, ya que él no te dejaba ir, sin antes tomarte sendos rones, de una marca cartagenera que él muy bien promocionaba. Ron que bien acompañaba los puros recién adquiridos, y los cuáles comenzaba a consumir en el mismo establecimiento.

Era un verdadero placer acompañar cada bocanada del apreciado tabaco cubano, con un buen Whisky, ron, o por qué no, una fría Club Colombia. La mezcla de sabores producida por el juguetear del humo recién aspirado, entre tu paladar y nariz, después de la ingesta del licor apetecido, es realmente una sensación muy agradable. Dañina, pero agradable.

Cierta ocasión y mientras lavaban mi auto en uno de esos lavaderos improvisados que abundan por el barrio "Pie de la Popa" de nuestra histórica Cartagena, me recosté a un frondoso árbol de almendras para refugiarme del pertinaz sol. Sol que inclementemente azotaba las espaldas desnudas de los curtidos lavadores. Acababa de almorzar y quien ha fumado sabe, que después de un abundante almuerzo, las ganas de un cigarro te dominan. Prendí mi Cohíba Club y mientras saboreaba la primera bocanada, un reciclador que en el frondoso árbol también se refugiaba me pregunta: "docto, eso que está fumando, ¿Es prima-hermana de la marihuana?", casi ahogado por el humo recién aspirado y después una sonora carcajada, le respondí, "son parientes amigo, son parientes".

Para ti madre.



Poder recordar desde mis primeros años es el mejor de mis dones, puedo escuchar como si fuese ayer tu voz arrulladora y el traquear incesante de la vieja mecedora en la que columpiabas mi reciente humanidad. Y puedo sentir tu abrazo protector tratando de lograr para mí, el esquivo sueño cuando la pesada tarde comenzaba su deceso, y la inquietante noche amenazaba con su llegada. Y a la mañana siguiente, tu imagen sonriente era el sol matutino que anunciaba mi nuevo día. Siempre laboriosa y atenta a mis falencias, caprichos y anhelos, logrando el bien estar que aún hoy tanto recuerdo.

Ahora cuando la fatiga del tiempo encorva tu humanidad, ahora que el peso de los años te ha dado paso lento y la fragilidad de tus huesos martiriza un poco tu andar, con asombro veo como el aliento vuelve a tu rostro cuando queriendo conmigo tener un gesto, interpretas mi anhelo y como si fuese un niño aún lo pretendes subsanar.

A veces pienso que no soy bueno, que jamás podré devolver tanto afecto, más seré yo quien ahora velará por tu sueño, seré yo quien ahora procura tu sustento y si a veces lo cotidiano me distrae un poco y me sientes lejos, con un abrazo fuerte y estrechándote a mí pecho, te haré saber lo mucho que por ti siento.

Para mi hija Vale



Una hermosa nena de escasos 2 años lloraba en el balcón del apto 108 del edificio “Los Cedros” en el barrio de Manga, era un lunes, siete de la mañana y llovía profusamente, vestida solo con su pañal dejaba ver su muy agraciada silueta infantil, piel muy blanca y tersa, su linda cabecita redonda lucía adornada por un cabello rubio, corto y en puntas semejante a los soles que pintábamos en nuestra infancia, ¿motivo del llanto? Una camioneta Nissan doble cabina de color azul que estaba estacionada deliberadamente frente a nuestro balcón. Era nuestro auto de la época y por alguna razón ella le tenía un afecto muy especial. Me encontraba yo en la cocina preparando el desayuno para ambos cuando ella capta mi atención, con voz ahogada por el llanto, lágrimas corriendo por sus mejillitas rosadas y señalando hacia la calle, se lamentaba: “¡Papá la camioneta se está mojaaanndoooooo!”.

Muchos momentos compartidos, toda tu vida con nosotros, fortuna divina por haberlo permitido. Mi amor es tuyo, mi tiempo también y si bien la fría parca no me permite prometer estar Siempre contigo, lo que si te puedo asegurar es que estaré a tu lado TODA MI VIDA. Feliz cumpleaños hijita.